Sunday, November 6, 2011

Ya nos vamos

Se ha acabado nuestro tiempo en Nyumbani y nos vamo. Parece mentira que rápido ha pasado y que fácil es acostumbrarse a lo bueno y a lo malo. Al principio todo nos pareció demasiado y pensabamos en silencio que a lo mejor no lo aguantábamos. Pensamos en las semanas tan largas que nos quedaban por delante, mucho calor, mucho polvo, mucho bicho (tengo hormigas hasta en el ordenador) y sobre todo mucha pobreza, mucha miseria y mucho dolor.
Ha pasado el tiempo y casi sin enterarnos hemos visto que hemos sobrevivido mejor de lo que pensabamos. Hemos vivido sin televisión, sin nevera, ni aire acondicionado, incluso hasta sin baños. Pero lo mejor de todo es que no lo hemos necesitado. No lo hemos echado de menos tal vez porque ya lo sabíamos y estábamos preparadas para ello. Pero la miseria, la pena, el sufrimiento y el dolor han sido cosas que aun esperándolas no podíamos imaginar con que magnitud la íbamos a encontrar.
Una vez mas creo que la sensibilidad humana varia con la raza. Igual que antes ya comenté que la temperatura y el horario para los de aquí tiene distintos formatos, lo mismo pienso que pasa con sus sentimientos. No quiero justificarme, pero creo que sus vidas les han presentado tales experiencias que han hecho callo para aguantar tanta tragedia, si no, no podría comprender como pueden resistir el sufrimiento y aun así sacar fuerzas para seguir viviendo. Incluso nosotras mismas lo notamos y ya hemos comentado en varias ocasiones que aquí no se puede estar mucho tiempo, pues te endureces y empiezas a ver como casi normal lo que antes veíamos como inhumano. Hemos visto mucha pena y mucha miseria. Hemos visto la cara del hambre, del sufrimiento, de la locura, del desespero. Hemos visto muchos niños huérfanos, niños enfermos, niños hambrientos. Y nos creemos que hemos visto ya todo, que no puede haber más sufrimiento, pero entonces llegan y te cuentan que no, que todavía queda hueco para mucho mas tormento . Que te reenvían un correo de una voluntaria que está en un campo de refugiados en Etiopia, pero frontera con Somalia. Lo que allí describe es un infierno; miles de refugiados, todos hacinados, hambrientos y agotados y con colas interminables para recibir una mísera ración de comida que se la entregan según su número de racionamiento. Y que luego también te enteras que lo nuestro no es nada, que ha sido como un paseo, pues no podemos dejar de pensar en lo que estarán sufriendo las dos Españolas raptadas aquí en Kenia, también frontera con Somalia. Vinieron para ayudar y esos descerebrados de Al-Shabaab se lo pagaron con la falta de libertad. Otros han desaparecido en el Sahara, y los que estaban en Lamu, parece que por culpa de la inseguridad la han abandonado. Quiera Dios que pronto los dejen a todos en libertad, pues no tiene ningún sentido que se metan precisamente con los que vienen a ayudar. Ojala no cunda el pánico, pues lo que menos puede necesitar este continente es perder el apoyo de la comunidad internacional.
Nosotras ya nos vamos ante de que todo nos empiecen a parecer demasiado normal. Nos vamos con mucha pena. Dejamos muchos recuerdos, muchas emociones y a veces algún llanto. No olvidaremos a todos los niños que ya hemos mencionado. A muchos otros que por su nombres impronunciables se han quedado más en el anonimato. Al staff que nos han aceptado como si fuéramos una más del poblado. No olvidaremos la mirada hundida del profesor famélico, ni la expresión desconcertada de los niños en la tumba de la madre, ni la mirada perdida de la mujer que había perdido a un hijo, ni la angustia de la madre con la casa quemada y por supuesto no olvidaremos la sonrisa franca e inocente de todos estos niños africanos.
Nos vamos con pena, pero contentas porque lo hemos conseguido. El poder venir a este lado del mundo del que tanto nos cuentan pero nunca vemos, es un sueño que mas de uno llevamos dentro. Nosotras lo hemos cumplido, pero por supuesto sin tanto mérito como algunos os empeñáis en atribuirnos. Nuestra suerte en este caso no ha sido otra que el haber encontrado el momento, pues nuestros niños ya están creciditos y laboralmente ahora mismo no teníamos ningún compromiso. Se que muchos de vosotros nos habríais acompañado felices, pero la falta de tiempo os lo impide.
Nos vamos con pena, pero también algo satisfechas. Queda muchísimo por hacer, pero creemos que en algo hemos ayudado, o al menos lo hemos intentado. Hemos intentado llevar un poco de orden a estas familias. Hemos intentado convencerles de la necesidad de ser organizados, de que tienen que liderar sus vidas y de que deben saber ser líderes, de que deben ser mas proactivos, que tiene que saber escuchar y también saber ser mas comunicativos. Que tienen que expresar sus ilusiones y que tiene que resolver sus problemas y encontrar ellos solos las soluciones. Hemos hablado con las niñas, les hemos dicho peligros que corren. Muchas, seguro, ya lo sabían, pero no habrían tenido nunca una madre que les cuente que pueden tener otras mil opciones. Hemos pintado, jugado , cantado y comido con miles de niños… Hasta hemos perdido casi 8 kilos y con todo esto hemos disfrutado mucho más de lo que nunca habíamos imaginado.
Nos vamos con pena, pero también con vergüenza, porque en el fondo también tenemos ganas de ver a los nuestros, a nuestra familia, a nuestros hijos, de tomar una ducha decente y sobre todo caliente. De estar en una cama limpia , de no oír a las termitas, de olvidarnos del arroz y de los frijoles, de beber el agua fría … Todas esas cosas que acompañan nuestra vida y que aquí nunca las tienen. Aunque hemos vivido perfectamente sin ellas, seguro que en pocos meses las volveremos a sentir como indispensables. Y sentimos vergüenza cuando nos preguntan porque nos marchamos y les tenemos que decir que a pesar del cariño que nos han dado, nosotros tenemos otros amigos, otra casa y otros hijos, que tenemos otro mundo al que ellos no están invitados.
Nos vamos con pena, pero también muy gratificadas. Hemos recibido lo que no estaba escrito. Esta gente que no tiene nada y nos ha dado tanto... Nos vamos con mas de lo que traíamos. Nos han enseñado a apreciar de verdad el valor de una sonrisa, la importancia de una caricia, el sentido de la familia. No han enseñado a vivir con la luz del día, a consumir poco agua, a no necesitar el coche, a aguantarnos sin comidas ricas. Hemos aprendido el valor de las cosas que de verdad importan y de la inutilidad de consumir tantas otras. Hemos aprendido a discernir mejor lo importante de lo banal tanto a nivel económico como en lo emocional.
Nos vamos, pero no antes sin agradeceros a todos el habernos escuchado y aguantado tanto. Queda mucho todavía por contar, pero ahora no pues ya creo que os hemos bombardeado demasiado. Además alguna novedad habrá que dejar para cuando nos veamos. Y gracias porque no sabéis cuanto nos habéis ayudado con vuestros correos y comentarios. Ha sido genial teneros allí al otro lado del ordenador, animando, saludando, comentando, llenando todos esos ratos después de cenar, donde nos encerrábamos en nuestro cuarto sin otra cosa mas que escribir y charlar. Y mil gracias una vez mas porque entre todos habéis hecho de nuestra estancia aquí todo un éxito al saber que ahora ya conocéis un poquito mas de la labor de Nyumbani y de la vida de sus huérfanos.
Y por fin nos vamos, pero no nos vamos para siempre, pues pensamos volver. La experiencia ha sido de tal intensidad que no podremos olvidar todo la generosidad de esta gente, así que estaremos junto a ellos no solo en pensamiento sino colaborando con Nyumbani ya sea desde España o desde Washington, y con mucha ilusión de poder regresar aquí el próximo año.

Wednesday, November 2, 2011

Líderes de hoy, líderes de mañana

Que difícil es hacer que las cosas funciones aquí. Llevamos mas de mes y medio y todavía nos ponemos de los nervios al ver este desorden tan generalizado. Imaginaros mas de 80 casas agrupadas en círculos de a cuatro, con mas de 12 niños cada una, sin madres, sin cajones, sin armarios. El lío y el desorden les come por todas partes. Si ya nuestros niños, con sus más de 20 añazos, con sus cuartos, con sus muebles y aún así tienen todo tirado, ¿qué van a hacer estos a quien nadie ha enseñado?
Lavar lo hacen muy bien, pero no entienden por qué no se va a ensuciar inmediatamente después. Barren de vez en cuando, pero para qué se van a molestar en no tirar la basura otra vez justo a su lado. ¿Ordenar? Eso es todavía más complicado, aunque a primera vista parece que no tienen tanto, pero luego pregúntales dónde tienen el plato, el pañal o dónde esta un zapato… No hay forma de adivinarlo. Pero, Dios Santo, qué les costará poner cada cosa en su sitio. Una cesta para cada cosa, una para la ropa, otra para los platos y vasos y así cada uno con sus trastos.
Muchas cosas las tienen rotas, aunque a veces es por escasa calidad o mala instalación, pero la gran mayoría es por falta de cuidado y pésima utilización. Cuántas veces hemos visto cubiertos usados como herramientas de jardín. Cañerías arrancadas porque los niños se cuelgan como si fueran un columpio. Barreños tirados por el medio y llenos de piedras. Camisetas usadas como estropajos. Las zapatillas todas llenas de barro. Los gallineros vacíos porque las gallinas acampan en las cocinas. Huertos sin plantas porque las vallas están rotas y los pollos entran y se comen las semillas...
Hay que entender que estos chicos son demasiado pequeños. Llevan ya mucho sufrimiento encima como para pretender que aprecien las cosas de la misma manera que nosotros exigiríamos. Aun así hay que intentarlo, pues lo que tiene aquí es un regalo que muchos de afuera morirían por alcanzarlo . Así que les hemos perseguido y agotado con charlas y comentarios para que se den cuenta que a pesar de su escasez, son muy afortunados por poder vivir en este poblado, porque tienen casa, porque tienen comida, porque tiene techo y famila.
No se trata solo de enseñarles a que cuiden su casa, sus cacharros, que organicen la ropa. Que no tiren la basura por en medio, que no dejen la comida en el suelo, que no pongan los pies en el barro y sobre todo si están descalzos. Se trata sobre todo de concienciarles del entorno donde viven. Se trata de que aprendan a quererlo, a conservarlo y a respetarlo. Se trata de que aprendan a valorarlo.
Hemos creado un programa de líderes, donde cada comunidad debía elegir a un representante. Sería el responsable de la organización de los equipos para la cooperación en el trabajo, el control y la supervisión de problemas de comunicación con la oficina de mantenimiento. Organizaría eventos musicales o deportivos. Comenzaría a hacer labores sociales, (como lorganizar grupos de niños para visitas semanales a Benson).
A simple vista parece muy sencillo pero, madre mía, lo que ha costado. Qué horror, esto ha sido como unas elecciones al senado. Hemos hecho reuniones, hemos hecho campaña, hemos visitado las comunidades como si estuviéramos de elecciones. Convenciendo, hablando, explicando las responsabilidades y las ventajas. Y llegada la fecha tope, algunos no tenían candidato. Unos porque son muy tímidos, otros porque no tiene ni idea de cómo hablar en público. El que menos -dice-ya tiene demasiado trabajo. Así que una vez más, hemos recorrido las casas. Hemos visto a todos los niños. Hemos tirado de la oreja cuando todavía no habían elegido y por fin después de unas semanas lo hemos conseguido .
Llega el día de la reunión y aparece otro problema: "El Tiempo". Aquí la percepción del tiempo tiene otra dimensión. Como ya había contado, no se rigen por relojes, sino por labores, trabajos o obligacione. Aquí está la hora de comer, la hora de ir al colegio, la hora de lavar , o la de preparar el fuego. Cuando a nosotras se nos ocurre quedar a las cuatro en punto…. Todos asienten, pero ninguno lo comprende. Cuando llega el momento de la reunión, si aparecen solo la mitad es una suerte. Seguro que ha sido porque pasaban por allí de pura casualidad. El resto, no importa. Seguro que tarde o temprano, llegarán. La mayoría, cuando ven ponerse el sol, piensan: Dios mío, las cuatro en punto. Seguro que ya ha sido la reunión. Vienen corriendo aunque sea con cuatro horas de retraso. Al principio, que desesperación. Pero bueno, luego te resignas, te cargas de paciencia y te adaptas a esta manera de contar el tiempo.
Total, el programa ha salido adelante. Parece que todos están muy contentos. Los chicos porque se sienten mas comprometidos. El staff porque tiene mas ayuda y mas tiempo. Nosotras porque al menos creemos que hemos aportado algo con este proyecto.

Friday, October 28, 2011

Cómo no vamos a quererlos

Hemos hablado de nosotras, de a dónde vamos y de qué hacemos. Hemos hablado de las casas, del colegio, del fuego, pero todavía nos queda mucho que contar de los huérfanos. Todos estos niños, más de 800, todos son huérfanos. Unos llevan aquí casi seis años. Otros acaban de llegar, pero todos están marcados por un destino que ellos no han elegido. Aquí el que no esta infectado, esta afectado por esta terrible enfermedad.

Muchas veces al verlos tan contentos y corriendo detrás nuestro se nos olvida que no tiene madre, pero cuando nos encontramos a un pequeño llorando porque algún niño le ha pegado o porque está enfermo piensas enseguida que los pobres no tienen quien pueda darles consuelo. Te acercas a ellos y les das la mano. Ellos se te pegan como con vergüenza. Te agarran del brazo o de la pierna y te abrazan con tanta fuerza que es imposible no quererlos. Y mira que nos lo dijeron, aquí no hay que encariñarse. Sobre todo por ellos, pues luego nos marchamos y les dejamos tirados de nuevo. Pero resulta difícil no quererlos.

Nos encariñamos de Benson, el niño del taca-taca, con sus carcajadas y gritos cuando oye que alguien le llama. De Dorcan, su hermana, la enana que cuando llegamos lloraba porque le asustábamos los blancos. Compartía su comida con los pollos y el gato y ahora nos tiene a las dos totalmente hechizadas. De Casistar, la hermana postiza que le ha caído a estos niños en su nueva familia, que a sus 15 años hace más de madre que de niña. Del bebe que al poco de nacer murió su madre y que cuando Nyumbani le rescató, sus hermanos la tenían tapada con las hojas de un banano.

Nos encariñamos de la enana que nos encontramos la semana pasada. Tenía la cara seria, una mirada muy perdida y ni siquiera nos seguía. Preguntamos quien era y alguno de sus vecinos de casa ni lo sabían. Resulta que esa niña era nueva. Llevaba menos de dos semanas y todavía no se había acostumbrado, no precisamente a vivir en el Village, sino a su “nueva familia” . De repente, sin madre, casa nueva, hermanos nuevos y nuevo también el colegio. A una niña tan pequeña le cuesta por fuerza digerir tanto sufrimiento. Solo por darle la mano nos dedicó una mirada con tal sentimiento que nos recorrió un escalofrío por todo el cuerpo.
Nos encariñamos de Cristóbal, el niño de la cara triste, que ahora ya no está triste. Feito pero que mono y que rico. Es el que jugaba con una lata empujándola con una rama. Estaba muy serio el día que le conocimos. Nos miraba con algo de miedo. Ahora, cuando vamos al colegio, salta por encima de todos para que le miremos. Y con solo eso, ya está contento. Del “carasucia”, un niño solitario que vive en una casa cercana a nuestro “convento” . Siempre está esperando a que pasemos para tirarse al suelo, rebozarse un poco más en el barro a ver si así lo cogemos.
Nos encariñamos del niño que lloraba en medio del camino. No había nadie ni sabíamos en que casa vivía. Lo cogimos en brazos, y en casi un par de segundos, dejó de llorar. Se acurrucó y se quedó dormido. Nos encariñamos de las niñas que acarreaban la leña en la espalda. Resignadas, pero tan contentas, y que nada mas llegar a casa, descargaban y corriendo iban de vuelta con sus gomas a recoger mas leña.
Nos encariñamos de las chicas, las teenagers, con las que charlamos en el colegio a la hora del recreo. Las que nos preguntan de todo porque no saben de nada. Las que se ríen aunque estén muy avergonzadas. Ojala asimilen algo de lo que le hemos hablado, pues están en una edad muy complicada.
Nos encariñamos de Jonathan que quiere ser ingeniero, de Emmanuel el de la guitarra, de Doringa la cantante, de las niñas que venían a bailar al convento, de Martha que tiene que aguantar las fiebres cada 8 o 12 semanas, de Annah que quiere dedicarse a la enseñanza, de Faith y Ruth con sus trajes de Blanca Nieves y de princesa, respectivamente. Que viejos los tiene pero que contentas los llevan. Nos encariñamos del niño que llevaba puesta una camiseta vieja con unos dibujos de huellas de animales que me suena. Seguro que es una de las que mi hijo desechó hace ya casi una década. No sé si será la misma, pero no me extrañaría nada, pues seguro que aquí viene a parar toda nuestra ropa vieja.
Nos encariñamos de los chicos que después del colegio juegan medio descalzos al fútbol en el descampado. Y de los otros, de los que ahora no les toca jugar, pero que aprovechaban la diversión como espectadores. Todos están subidos en los árboles de los alrededores. Nos encariñamos de los niños que vienen corriendo a pedirnos las botellas de agua vacía para reponer las suyas viejas y agujereadas. Botellas que utilizan para ir al establo a recoger su ración de leche diaria.
Nos encariñamos de todos esos niños que siempre van descalzos, pues la mayoría por no tener no tienen ni zapatos. De esos que llevaban las chanclas rotas, desparejadas, o incluso de aquel niño con una bota y una sandalia. Creíamos que llevaba la pierna rota y escayolada y le preguntamos qué le pasaba. No le pasaba nada, solo llevaba puesto lo único que tenía en casa.
Nos encariñamos de Kalonso, el niño que conocimos durante la primera semana. Estaba enfermo y solo en la puerta de su casa con cara de pena. Nos acercamos, le preguntamos. No entendía nada, pero nos miraba con lástima y se señalaba la garganta. Le dimos la mano. Nos miró extrañado, pero se agarró a nuestro brazo y se lo acercó a la cara. Este niño nos enseñó desde ese momento que no hacen falta palabras, que lo que más necesitan es el cariño, las caricias y los abrazos. Desde entonces cada vez que vemos a un enano que está triste, solo o apartado, lo cogemos y lo achuchamos todo lo que podemos. Hay otros que no hace falta que vayamos a por ellos, pues son mas atrevidos y ellos solitos se nos tiran en picado. Les extraña nuestra piel, nuestra cara, nuestro pelo, nuestro olor, nuestro acento. Les gusta acompañarnos, que les hablemos, que les cantemos, que les imitemos . Les encanta las cosquillas, los lapices, las chocolatinas....
La verdad es que nos hemos acostumbrado mucho a ellos, y por eso los sábados y domingos son los días que mas disfrutamos, porque es cuando mas los vemos. Salimos a verlos y en seguida se ponen contentos. Saludas en su idioma y no hay ni uno que no te responda. Todos estos niños que solo porque le demos un abrazo, corren detrás nuestro, nos dan la mano, nos tocan los brazos, nos tiran del pelo ( y eso que lo hemos cortado). Pero sobre todo nos dedican esas sonrisas tan francas y espontáneas, que nos siguen dejando sin aliento. ¿Cómo no vamos a quererlos?

Monday, October 24, 2011

Termitas

Hoy ha llovido y ayer también Estamos ya al final de la estación seca. Ahora, si hay suerte, llegará la estación de lluvias. Aunque las de octubre, según dicen los locales, nunca son muy fuertes. Está claro que todo depende de cómo se mire. A nosotros las de hoy nos han parecido torrenciales.
El calor nos ha dado un respiro. También ha llegado la época de la siembra, pero sobre todo nos han traído muchos mas bichos. Es tremendo, en casa procuramos entrar a tientas pues si encendemos la luz, nos bombardean. Cuando andamos nos cruje el suelo de tanto bicho que pisamos y al oír sus zumbidos gritamos como posesas. Hay mucho mosquito, mucho escarabajo, alguna cucaracha, bastantes arañas, pero sobre todo unas hormigas. No son hormigas, pertenecen a distinta familia, son las “termitas”.
Las termitas representan un gran problema. Afectan a la construcción de las casas que, casi todas, se hacen de madera. Se comen las vigas del techo, de las puertas, de las ventanas. Destrozan mesas, sillas, camas. Aunque hay algunas maderas que se les resisten, estas son bastante escasas y muy caras. En las zonas rurales, las chozas se hacen redondas. Utilizan como soporte el centro, un tronco seco de una acacia africana. Es de los pocos árboles que la termita no se comen, pues produce un alcaloide que los protege de estas plagas.
Los cuerpos de las termitas son blancos y sus tamaños enormes. Al igual que las hormigas, hay obreras, soldados y reproductores . Estos últimos tiene alas y salen cuando llueve en tal cantidad que forman nubes similares a enjambres. Es cuando se aparean y al instantes caen al suelo y pierde las alas que ya no les sirven para nada. En instantes, ves el suelo lleno de estos insectos y de sus alas. Ayer sin ir mas lejos, la lluvia fue mas intensa y no paro ni un momento, arreciando justo cuando nosotras y los niños salíamos del colegio. Mientras corríamos para no calarnos, unas niñas se nos acercaron y muy contentas y divertidas nos enseñaron una lata llena de las termitas.
Puagggg. Que asco, para qué querrán estos bichos. No creo que sean unos buenos animales de compañía. Nos quedamos pensando, empapadas ya después de tanto rato. Nos vamos de vuelta y vemos a más chicos agachados en los charcos y jugando con el barro. Siguen recolectando termitas. ¿Será para evitar que les invadan y se metan en sus vidas? Ya no podemos aguantar tanta curiosidad y preguntamos extrañadas que para qué las coleccionan. Ellos con un gesto hacen como que se las meten en la boca.
Que horror. Resulta que se las comen. Las toman como si fuera un aperitivo. Así como os lo digo… Para ellos es un alimento muy nutritivo y cuando llegan las lluvias salen corriendo a ver quien consigue mas proteínas. No nos comemos nosotros los cangrejos, dice Madeleine, una secretaria de la oficina. Claro, como es lo mismo, un día de estos nos encantará probarlo, mentimos. Las toman fritas o asadas. Lo bueno es que no necesitan ni aceite ni mantequilla, pues su cuerpo ya tiene bastante grasa. Buuufff. Espero no pillaros a nadie en medio de la comida.
Además de su aspecto nutritivo, las termitas aportan otros beneficios. Hacen nidos en el suelo que parecen montañas con miles de chimeneas y galerías subterráneas. Estos bichos, junto con muchos otros, convierten al suelo en un coladero. Airean tanto el campo que ayudan a que el agua penetre, sea mas fértil y mucho mas fácil para el arado. Está claro que en esta vida todo es acostumbrarse al entorno que te domina, sacando partido de todo, hasta de las termitas.

Friday, October 21, 2011

Colegios de hambre

Hemos ido a los colegios públicos de la zona. Hemos visitado tres o cuatro. Ni me acuerdo porque son todos tan míseros y tan desmantelados que parecen iguales. Íbamos a buscar a niños con posibilidad de ser seropositivos. Recogemos a las madres, sacamos a los niños por un rato y allí en medio del campo se les hace la prueba. De momento tengo que decir con mucho alivio que todos dieron todos negativos. Menos mal, pues no se si habríamos aguantado la cara del niño o de la madre al recibir la notica de que su hijo también estaba infectado.Regresamos al colegio, entregamos al niño para que siga con los estudios y visitamos el centro. No hacia falta casi ni bajarse del coche. Son tan pequeños que desde fuera ya los conoces. Mientras, los niños se amontona en las puertas y ventanas. Para ellos somos unos bichos raros, les encanta saludarnos y, si sacamos la cámara, se nos tiran en picado.Continuamos con nuestro tour académico. Visitamos al director que nos saluda encantado. Intenta esbozar una sonrisa pero la piel de la cara ya no se le estira. Está tan famélico que da pena hasta mirarlo. Nos comenta sus problemas que no son los suyos, sino los de “sus niños". No tiene que comer y así no hay quien estudie. El colegio es público, pero tienen que pagar. No mucho, pero sí lo suficiente para que otros muchos no se lo puedan permitir. Como es de esperar, la comida no esta incluida. Unicamente los más afortunados la traen de casa. Los demás solo miran, lo que en este caso puede que sea hasta una ventaja. Solo pensar lo que se puede llevar en esas botellas recicladas, con esos olores apestosos, en bolsas raidas, con esas manos tan sucias y con estas temperaturas tan altas… Seguro que nada apetitoso. Está claro que aquí lo que NO mata, tampoco engorda.Para terminar el tour educativo nos llevan a ver a la autoridad local. La asociación Nyumbani acude con frecuencia para insistir en la necesidad de alimentar a los niños en los colegios, o al menos para que dedicar un capítulo de financiación de comida a los niños seropositivos. Ellos no pueden vivir sin la medicación y esta no puede ser suministrada sin una mínima alimentación. La “autoridad IN-competente” nos mira confundida. Quienes somos nosotros para pedir. Quien es el para conseguir. La burocracia es infernal, nos dice. Mas bien, la corrupción es criminal, pensamos. Kenia es uno de los mayores receptores de la ayuda internacional. ¿Dónde va el dinero? ¿Dónde están sus gobernantes para no saber que sus niños se están muriendo de hambre?

Thursday, October 20, 2011

Benson,el niño del taca-taca

Benson es un niño del Village. Uno de los muchos que hay en estas tierras, pero este lo hemos visto y lo hemos conocido. Benson es huérfano tiene 5 años auque no aparenta mas de tres y medio. No sabemos cuándo ni dónde pero algún médico que le atendió posiblemente en el parto le diagnosticó como tetraplejico. Benson es el tercero de cuatro hermanos de una familia de seropositivos. Su padre, ni idea, pero su madre murió al poco de nacer su hermana pequeña. Cuando fueron “rescatados” hace apenas un año, Benson y sus hermanos de 7, 3 y año y medio, fueron incorporados a otra familia del Village donde ya vivían otros cuantos, pero para entonces Benson ya había pasado gran parte de su vida en la cama sin la atención ni cuidados necesarios para un desarrollo semi-normal.
Allí continuo la rutina del día a día. Demasiadas labores que hacer. Demasiados niños para atender y Benson paso a ser un niño mas al que alimentar, cuidar y acoger, pero nada de tiempo ni medios para un trato especial. Ahí estaba Benson, en la cama gran parte del día, sin nada que hacer ni nadie a quien querer. Hasta que vino Pepe, un amigo y voluntario de Nyumbani que llamó la atención sobre su situación. Pepe le empezó a motivar, atender, rehabilitar, mover los músculos de manos, cuello y pies… y sobre todo a darle cariño.

Benson tiene alguna lesión cerebral, eso es cierto, pero no es tetraplejico como en su momento fue diagnosticado. Tiene coordinación en las manos, fuerza en los brazos y movimiento en los pies. Nos sigue con la mirada (a ratos) y da palmas con las manos porque es su mayor diversión. Tal vez sea la falta de coordinación motriz en las piernas o la falta de desarrollo muscular. No se puede mantener en pie aunque tampoco es de extrañar por el tiempo que ha pasado en la cama sin utilizarlas.

Siguiendo las recomendaciones de Pepe, le visitamos a diario para estimular su movimiento y su atención. Benson nos recibe feliz, se ríe a carcajadas, no sabemos si nos reconoce, pero al menos si responde a las voces. Ahora tiene a medio pueblo pendiente de él. Le han construido una silla, le han comprado una bañera y por fin -después de mucho pelear- le acaban de terminar un taca- taca para que se pueda mover , empujar con los pies, y quien sabe si algún dia aprender a andar. Esta silla ha costado sudores, pues fue una idea que comenzó hace tiempo. Tres generaciones de voluntarios ha durado el esfuerzo. Qué quien compra las barras, quien pone la tela o quien trae las tuercas. Ahora por fin la silla esta terminada y -Dios mío- lo que ha costado llevársela. Que si el papel del encargo, que quien se va a hacer cargo … Que lío de burocracia. Pero no lo critico, pues donde no hay nada de nada , es lógico que se guarde como un tesoro hasta un misero tornillo.mBenson es otro niño. Se sienta, se ríe, da palmas e intenta ponerse de pie. Pasa mas tiempo despierto, mas horas fuera del cuarto. Se empuja con los pies y consigue un poco de movimiento. Nosotros nos creemos que Benson esta teniendo mucha mas movilidad y que con el tiempo seguro que sus piernas van a mejorar. ¿Será cierto? Ojala.

Thursday, October 13, 2011

Muzungo, muzungo, zungos, zungos

Es sábado, pero hemos madrugado como un día cualquiera. Aquí la vida empieza temprano. No hay reloj y el ritmo lo pone el sol. Hay que trabajar en sábado tanto o más que un día normal. Hay que ir al colegio como el resto de la semana y terminar los deberes. Al medio día, de vuelta a casa, a los chicos les espera una buena jornada. Todos los niños incluso los pequeños tienen que lavar, barrer, ordenar, tender. Cuando terminan sus quehaceres es hora de cocinar, y nada más comer tienen que empezar a preparar la comida para cenar.
Da que pensar, como trabajan sin rechistar. No se si será por su naturaleza sacrificada o por el sentimiento de saber que aquí no les falta de nada. Llevamos mas de un mes, cuatro fines de semana aquí dentro, y no hemos visto en ningún momento a un niño que tuviera una queja o pusiera un mal gesto.
Para comer hemos hecho un exceso. Aprovechando que en Nairobi habíamos comprado pasta, hemos cocinado espaguetis a la familia que nos invitó a cenar en su casa. No tengo claro que la comida le gustara. Algunos miraban con recelo, pero al menos se han reído de lo lindo viendo los espaguetis tan largos y tan finos. Benditas cámaras digitales, con las de carretes las fotos habrían sido un desastre.
A media tarde y de camino a casa nos adelantan unas niñas muy enanas, corriendo con unas gomas negras en las manos, parecidas a tubos de riego. Qué juguete mas raro, pensamos. Seguimos andando y al cabo de un rato, nos cruzamos de nuevo con ellas. Llevaban el “juguete” ajustado al frente y un atillo de leña en la espalda. Nos quedamos sin habla. Lo que tantas veces hemos visto en esas cadenas de email, ahora lo vemos ahí delante, justo a nuestros pies. No puedo remediarlo, tengo que hacer una foto para poder enseñarlo, pero no sin antes pedirles permiso. Nos contestan encantadas, pues como siempre las fotos les tienen fascinadas. Y ya después le quitamos el bulto y ayudamos a cargarlo hasta su destino. Nos miran extrañadas como si quisiéramos robarles su carga. Tienen tan asumido que es su rutina, que no comprenden que vengamos nosotras a quitársela. Pero una vez comprendido que solo queremos ayudarlas en el camino, nos han dedicado una sonrisa que ha hecho de hoy el mejor de nuestros días.
Seguimos camino y nos damos cuenta que nos persigue un puñado de niños, todos cantando y desfilando al son de “Muzungo, muzungo, zungos… zungos ...zungos” (Así nos llaman a los blancos) . Y se tronchan de risa cuando ven que nosotras les coreamos. Desde entonces se ha convertido casi en “la canción del verano”.
El Domingo empieza con misa, muy colorida y muy cantada. La gente se viste para la ocasión. Muchos colores y ropas que parecen haber salido de las rebajas del Mashall después del PROM. A la salida, la gente se reúne en grupos para la catequesis, cantos u otro tipo de aficiones que se prolongan hasta llegar la tarde. Y por fin, cuando se pone el sol, parece que ha llegado la hora de la diversión. Se ven en los descampados unos chicos jugando al futbol, todos medio descalzos o compartiendo un par de zapatos que alguien les ha regalado. La pelota ,vieja , deshinchada y rota, parece no importarles. El caso es tener algo para golpear que no sea demasiado duro pues si no se destrozan la pata. Otros sacan a la calle miles de juguetes, todos de fabricación propia. Vemos camiones de latón, rodadores de hojalata, pelotas de trapo e incluso alguno ha fabricado una matatu. Las niñas juegan con rompecabezas de baldosas rotas. Saltan al “avión” pintado en el suelo. Con las piedras imaginan una casa. Con el palo de una escoba hacen una lanza.
Son muchas las cosas que nos enseñan. Entre ellas, las ganas de disfrutar con cualquier cosa que tengan. Lo aceptan con tanta naturalidad que te dan ganas de salir corriendo y comprar toda variedad de juegos. Pensándolo bien, no es lo mas adecuado pues son muchos y no es precisamente lo mas necesario. Además con ello, habríamos acabado con esa imaginación tan elemental de utilizar cualquier cosa para jugar y que en nuestro mundo desarrollado tenemos ya hace tiempo olvidado.